Los ciberengaños se aceptan de buena gana


Lo más raro es que se encuentran dos extraños y deciden quererse. Yo abuso de ser paranoico y entonces cuando empiezo una relación me inclino por creer que el otro solo me está mintiendo para ser encantador, pero que todavía no se muestra tal cual es. Es el primer engaño pero todos lo aceptamos de buena gana.

Para algunos debe ser hasta ofensivo lo que estoy diciendo. Aquellos que creen que el inicio del amor es tierno y sin tapujos, pero yo soy de los que creen lo contrario… las relaciones son buenas cuando muchas cosas están dichas y no hay que guardarle nada el otro, sino que se le dicen las cosas de frente, con sinceridad, incluso acepto que sea en medio de una charla, pero la verdad a secas es más fácil tragarla… así te ahogues.

Pero todo tiene sus mediastintas y por eso esta noche en el bus para casa, en medio de la lluvia, me sorprendió ver a un vecino de mi oficina con su noviecita, la que me confesó el otro día que conoció a través de una red social virtual. Lo miré a el primero y concluí que no estaba mal de cuerpo, solo le faltaba un poco allí y allá para estar bueno y eso ya es mucho decir. Bonito no es, pero se viste bien y eso en un hombre es muy bien valorado. Ademàs se mostró caballeroso al darle el puesto a dos señoras en ocasiones distintas (Ya era demasiado, ¿no cierto?).

A ella no pude verla hasta que se apearon del bus (verbo que no me gusta mucho pero es el correcto en este caso) Entonces pude verla de soslayo: bonita, caresana, de estatura baja, caderona -como muchas de este lado de la tierra-, en fin… algo que este man tan común no se hubiera encontrado en la oficina pero sí a través de Internet.

Los dos parecían cómodos. Se veía que estaban bien juntos. Que había ternura y comprensión sus miradas. Inclusive hoy era martes y ya estaban en una cita, en medio de una lloviznan fuerte, pero cuando uno está al inicio de una relación esas goteras son mejores, que no lo vaya negar quien se las haya perdido…

En fin, el hecho me trae a la cabeza muchos recuerdos como el de la amiga que acompañé tres veces a encontrarse con desconocidos que conocía a través de la misma red. El de los dos amigos gays, aún en el closet cuando pasó esto -muy famosos los dos por cierto- que se encontraron en la estación Aguacatala y no podían con la confusión de sentimientos que aquello les sugirió en el cerebro. (Nunca nadie supo que pasó, así el morbo se empeñe).

Yo confieso que así conocí a alguien, pero en una especie de error fortuito, pues ocurre que nunca le he temido a dejar los datos por ahí en el limbo cibernético y mucho menos a compartirlos con un amigo de carne y hueso.

Pues resulta que una vez ese amigo de ser tan cercano y cometió una fechoría que seguramente le pareció muy graciosa: me puso en contacto con un tipo recién metido a una religión de las tantas que hoy hay… y pues este último se sintió en la misión de entregarme enseñanzas pero como un buen estratega, hasta que un buen día le dije no más: me cansé de tus mensajes de crecimiento personal, no quiero hablar con un desconocido de mi religión, yo mismo me voy a salvar a través del deporte (el deporte salva, pero ese es otro tema)… de todos modos esta historia termina bien, pues hoy seguimos siendo amigos a pesar de todo y el ya no anda buscando ni a un dios, ni al demonio y mucho menos salvar humanos… anda mirando por ventanas reales en la búsqueda de quien le engañe por lo menos por un rato.

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