Un ejemplo colaborativo: Twitter, la red de moda


En la búsqueda de un buen ejemplo que se apropie de alguna cualidad de las hipermedias para reusarla en sus propios límites, veo a propósito de un tema de actualidad, cercano a lo que nos ocupa, y que mantiene excitados a geeks, literatos y otros profesionales de la web. se denomina Stanza, la plataforma abierta de ebooks para Iphone, ahora comprada por Amazon.

the-t-b-300x224Lo primero que uno puede concluir es que convertir los libros al formato digital puede ser algo sencillo para muchos, pero como no solo se trata de dar ese paso, así como no todo lo que se filma con una cámara es una película, el verdadero valor está en la oportunidad de mercado y de sentido, intuída por Amazon del mismo modo que Youtube en su creación sospechó que a la gente le encantaría subir sus videos – o los de los demás – en situaciones ridiculas, existe la posibilidad que con la reinterpretación de los libros a formatos hipermediales se abra no solo un nuevo mercado sino una forma de expresión más convincente, más cautivante y llamativa para convertir en productores de contenidos a quienes solo eran espectadores de medios.
Tim O´Reilly da un buen ejemplo de una forma primitiva, para nada hipermedial, pero con fuerte valor colaborativo llamada el Twitter Book basado en la elaboración de una “obra” a partir del formato microblogging en apogeo en la red en este momento. Lo que no solo hace válido el valerse del auge sino que recibe aplausos por identificar en esta red social una oportunidad para la expresión colectiva cercana al arte, por decirlo de algún modo.

La web, en su versión actua 2.0 o antigua, ha cambiado los modos de leer y aprender en general. Este es un precepto aceptado de buena gana y quizás para facilitar estos procesos están los elementos que identifican la hipermedia como la multiplicidad de medios denominada convergencia, el llamado a la participación, el  uso de recursos como el flashback o los links permanentes, la lectura aleatoria de textos, las elaboración de productos colaborativos. Todo un panorama diferente que abre de par en par la imaginación y el nuevo reto de diseñadores y otros profesionales a la hora de encarar el proyecto de elaborar un site determinado.

Los pensamientos de Pierre Levy son siempre reveladores a la hora de encontrar sentido a los hechos de la cibercultura: “Desde hace al menos algunos siglos, en Occidente, el fenómeno artístico se presenta más o menos como sigue: una persona (el artista) firma un objeto o un mensaje particular (la obra), que otras personas (los destinatarios, el público, los críticos) perciben, aprecian, leen, interpretan, evalúan. Cualquiera que sea la función de la obra (religiosa, decorativa, subversiva, etcétera) y su capacidad para trascender toda función hacia el núcleo de enigma y de emoción que nos habita, ella se inscribe en un esquema de comunicación clásico. El emisor y el receptor son diferenciados claramente y sus papeles están perfectamente asignados. Ahora bien, el entorno tecnocultural emergente suscita el desarrollo de nuevas especies de arte, ignorando la separación entre la emisión y la recepción, la composición y la interpretación. Solo se trata de un posible abierto por la mutación en curso, posible que podría muy bien jamás realizarse o sólo muy parcialmente. Se trata, ante todo aquí, de impedir que no se cierre demasiado pronto, sin haber desplegado la variedad de sus riquezas. Esta nueva forma de arte hace experimentar a lo que justamente no es un público, otras modalidades de comunicación y de creación.”

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