El videoarte es el mesías del cine y la tv


Ni tanto que se parezca a la crítica de Adorno ni tanto que sea tan complaciente y maravillado como Macluhan. Esa debería ser la primera conclusión que podría sacar después del encuentro con el señor Jorge La Ferla, quien se destaca como una de esas pocas figuras que se preocupa por teorizar por la televisión y las artes mediales en general en Latinoamérica.

Después de ese encuentro y de la lectura de algunos de los invitados a su compilación El Medio es el diseño Audiovisual, el libro gordo, como el mismo lo señala… refiriéndose al de Petete (personaje infantil de origen argentino entre los 70 y 80) podría concluirse que el videoarte, o el mismo video sin la etiqueta eufemista, sea el Mesías.

No es una conclusión directa y ni siquiera una que tenga que ver de manera real con lo que quiere comunicar La Ferla. Sin embargo, sí puede ser mi posición. La que pretendo explicar y comprender a través de algunos ejemplos dados por el maestro en su exposiciones.

En el capítulo sobre la televisión, Arlindo Machado nos habla de como la Neotv (término de Umberto Eco) nos trae escenarios trastocados por su barita mágica de modo que un partido de fútbol no sería lo mismo sin la televisión por todo él esfuerzo que hace desde la planificación de los avisos publicitarios y hasta por el seguimiento de la pelota o la decisión de repetir una u otra escena de gol. Vendiéndonos todo eso como realidad.

Y creo que Juan Pablo Arroyave, mi más cercano hincha foribundo de ese deporte, no va estar de acuerdo ni con Machado ni conmigo. Pero es algo cierto y quizás sea por eso que la fiesta en las barras tenga que hacerse alrededor de tanta parafernalia y no de lo que pasa en realidad en la cancha.

Empero otra cosa puede verse en el video de Zidane, un portrait du 21e siècle, de Douglas Gordon. Se trata de un partido en el que la cámara, quien está detrás y frente a ella, como el espectador puede ver y casi tocar la piel sudorosa del jugador, escuchar lo que dice, si refunfuña o se alegra por una acción; si no le pasan la pelota y se enfría por un largo rato o si se toca la punta de la oreja.

No se si lo que proponía Douglas era otra mirada a los partidos de fútbol a través de una estrella. O una crítica-rescate del lenguaje de la televisión sobre lo que se supone puede hacer si deja de seguir su discurso repetido y aburrido. Una forma de darle una palmada en la espalda y decirle al oído: “tranquila, todavía hay tiempo de recuperarse, mira que nos ha dado lo mejor de ti”. Como haría un buen padre.

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