Revisando la historia del videoarte para encontrar similes a los dispositivos actuales


Construyéndolo

La evolución a través del beta, vhs, dvd y ahora blue ray señalan cambios que podríamos llamar superficiales en la recepción del video en la vida cotidiana. Pero los pasos de gigante los da ese trasegar del celuloide a la cinta y de ella al digital. De los átomos a los bits. De el olor a químicos al espacio aseptico e insipido de los algoritmos.

Del mismo modo, podría pensarse sobre la participación del receptor de los films a través de la tele, el video y ahora el computador y los dispositivos más pequeños como el celular. No solo se pierde el espectáculo señalado en especial por la magnitud de la pantalla sino que se pasa de lo colectivo a lo individual e inclusive a la inclusión de una interacción, que poco o nada podría pensarse años atrás.

No hay que dejar de lado un tema candente, tan filosófico como también del corrillo de coctel de estreno de galería: se trata de la discusión del arte en los nuevos dispositivos y entonces vienen más preguntas: ¿Hay una reciprocidad que podría decirse es apropiada? ¿Ese lenguaje del arte puede bajar de su podium para hablarle a la gente de todos los días a través de sus celulares? ¿Son los nuevos dispositivos buenos como lienzos, tanto como la almadana, los pinceles o el celuloide?

Por esta razón nos enfrentamos a ver las potencialidades del recurso denominado celular frente a las formas que asume o ha asumido el arte para expresarse a través del video, del televisor o del celuloide. Y en este momento aparecen varios paisajes:

Cuando hablamos del lenguaje audiovisual y de esa masificación que supone el celular con su poder para llamar a participar, me llegan a la mente las imágenes de las experiencia de Sandra Kogut en Brasil cuando hizo un documento en el que los participantes estaban frente a la cámara y se expresaban de una forma determinada, de esa manera específica que exige el aparato… y luego armó, editó, organizó un documento en el que era fundamental la historia que quería contar, añadió elementos gráficos como los caracteres y el color. Y el resultado fue aplaudido, aún hoy, como buen documento antropológico, social, artístico…

¿Puede el artista manifestar lo que quiere, reflexionar, expresarse de una manera parecida, mediante un elemento como el celular? A manera de respuesta, un ejemplo cercano es el de Antoni Abad de Barcelona que lleva los celulares a grupos con situaciones problemáticas de manera que ellos elaboren una narración de su vida cotidiana a través del uso de una cámara sencilla como la del celular.

Su intención va más allá, pues en Manizales, por ejemplo su proyecto acerca a dos grupos de reinsertados en diferentes localidades a través de esas historias de celular que comparten en un sitio web. El fruto que surja de estas “conversaciones” va más allá de lo artístico, ya que es marcada una intencionalidad social. Una dinámica. Una reflexión. Y unos actores que mediante su participación culminan lo que podría llamarse obra.

Sobra decir que no cabe aquí el dispositivo como medio de promoción, pero solo lo nombro, para no dejar de lado esa cualidad de medio integrador que le permite tener fotos, video y audio de las múltiples noticias y los productos del arte. Pero esto ya se constituye en marketing y comercialización.

Si volvemos a la historia entonces aparecen también las esculturas de televisores como una reflexión sobre los aparatos mismos, sobre la adicción que generan, sobre el producto que son en el mercado, sus usos y desusos, su importante papel en la cotidianidad familiar, entre otras posturas. Aquí traigo a colación las esculturas  híbrido de televisores-pecera, televisores-jardín o maceta, televisores que hacían las veces de cabeza de hombre.

Y entonces tienen los artistas y sus similares reflexiones profundas como la que supone el desecho alrededor de los gadgets tecnológicos, encabezada por los celualres, pues aunque que se habla que las personas no logran separarse más allá de 200 metros de estos dispositivos, ese amor es efímero al pasar el año y pueden, con facilidad, hacerse a otro mejor, con más “gallos” (como decimos en Colombia), y con lo “último en tecnología de punta” (como recita la hiperbole mediática).

Sobre el tema de la estética de la imagen video Philipe Dubois hace su aporte en el libro El Medio es el diseño audiovisual detallando cada uno de sus recursos. A grandes rasgos, señala la sobreimpresión; los wipes; la incrustación; el juego con la velocidad, el sonido, la luz, los ángulos y el uso de otras imágenes fijas como: caracteres, diseños y hasta fotografías- Podríamos decir que el video desde el celular se enfrenta a retos similares, solo que con unas adaptaciones que vienen dadas por el formato y por los límites de la tecnología.

El placer de la inmersión en la sala oscura del cine o en el juego electrónico, así se esté a plena luz. La construcción de un propio discurso de imágenes y sonidos a través del zapping permitido con el control de la tele. O el surfeado entre hipervínculos propios de nuestras citas con la web.Todo eso se pierde, pues aquí en el celular, la velocidad es otra. Se ralentiza. Es la vuelta al loop insoportable que permite la mirada al otro lado, recibir la llamada o enviar el mensaje, mientras se mira el video. Y entonces el lenguaje es el mismo pero la narración que se construye es distinta.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s