Disponibilidad en WhatsApp autorrestringida


Mercurio con SaturnoOcurrió que alrededor del 7 de agosto se me dañaron el celular y el computador y tuve que restaurarlos desde cero. Era una semana difícil. Lo que yo llamo: cuadratura de Mercurio con Saturno.

Debía partir de cero con los dos aparatos y decidir con que aplicaciones me iba a quedar, porque seguro era que el cúmulo de apps y software nuevo ya estaba causando daño.

En el computador tenía incluso el programa de Atlasti sobre el que hice curso en la Nacional y presenté mi tesis de Maestría con metodología de análisis cualitativo. Ese software lo perdí debido a que la casa matriz me respondió que me costó US$100 porque era tesista, pero como ya no tengo vínculo con la U. entonces el Atlasti me cuesta como US$2.000. Siempre he dicho que ser estudiante tiene sus ventajas.

En el celular, no me importaban mucho las apps que perdía, tenía 3 ó 4 y ni quiero acordarme. Sin embargo, lo primero que quise hacer era volver a WhatsApp simplemente porque me había acostumbrado a la aplicación. Pero no pude hacerlo, cada vez que la montaba el equipo se reiniciaba, se apagaba en cualquier momento, la batería no rendía, el plan de datos se agotaba… en fin, así que decidir probar la vida sin Whatsapp, porque no iba a cambiar de equipo solo por el app.

Y empezaron los correos y las llamadas de reclamos de clientes diciéndome que no les contestaba por esa vía. Me di cuenta entonces que meses atrás había patrocinado un poco de pereza conjugado con una gota de tacañería y una pizca de practicidad: los clientes ya no escribían correos haciendo solicitudes, no llamaban a ratificar el envío o  a presionar su diseño, no se esmeraban en tener una conversación y un saludo amable, solo WhatsApp.

Estuve así un mes y volví a intentarlo por una semana pero el bendito dispositivo volvía y fallaba. De los amigos también recibía mensajes tardíos por email o sms e incluso en Facebook:

  • Te estuve buscando y no respondes,
  • Estuve en Bogotá y te hablé para que nos tomáramos un café.
  • ¿Por qué no me hablas?
  • ¿Ya no me quieres hablar? estoy muy intensa?
  • ¿Me bloqueaste en whatsup? (como lo escriben los más gringos)

Se trataba de la misma receta de los clientes: un poco de pereza conjugado con una gota de tacañería y una pizca de practicidad. Es obvio pero hay que mencionarlo: WhastApp no es del todo malo, pues es mucho más barato que un minuto de voz.

corbatasLuego en una clase de inglés de negocios que estoy recibiendo virtualmente para reforzar mi spanglish, la profesora preguntó si usábamos mensajería instantánea desde el celular para el trabajo y contó como en su compañía en Londres optaron como política por NO hacerlo, porque no hay una evidencia del contacto con los clientes y porque se convierte en un distractor. Yo no había hecho esa reflexión pero me quedó tan claro, como el día en que los mismos ingleses decidieron que ponerse corbata era como colgarse al látigo del convencionalismo.

Me había convertido en un whatsappadicto, whatsappholic, tenía ansiedad postwhasapplítica o como quieran llamarlo. Dependía del WhastApp y estaba patrocinando que mis clientes y mis amigos también lo hicieran. Porque claro tiene esa ventaja de la inmediatez pero esta se convierte en lo mismo que tomarse 4 cafés negros en la mañana, de los que tanto me gustan, pero te dejan con una ansiedad inmesurable:

  • Ya no revisaba la agenda, sino que veía las solicitudes del Whatsapp.
  • Cumplía las de los clientes, pero también las de los amigos, los familiares, los vecinos…
  • Era una máquina de cumplir solicitudes.
  • Respiraba profundo y enviaba el diseño, el documento, la solicitud, pero también el saludo, el meme, el emoticón, la foto…
  • ¡El colmo: algunos me escribían para que los llamara! 😉

No sé a cuántos más les estará pasando, pero como yo retomé en mi vida el yoga desde julio, entonces decidí que NO más WhatsApp desde el 7 de septiembre y he encontrado que para el trabajo es mucho mejor, pues además de las evidencias tienes la oportunidad de que el cliente entienda que sus solicitudes toma un tiempo resolverlas, que no todas son urgencias, y que debe respetar el trabajo de quienes lo atienden del otro lado: los equipos de su empresa se lo agradecerán, trátese de comunicadores, diseñadores, instructores e ingenieros todos deben tener un plazo de respuesta, más allá de la inmediatez del Whatsapp. Como lo dijo mi amiga Carolina en Facebook: nada mejor que el cafecito conversado:

Comentario sobre Furtivas en Facebook

Sin embargo, ayer 7 de noviembre encontré una nueva opción: lo puedo tener en mi computador y es una maravilla, pues no tengo que responder 3 minutos después, simplemente lo leo cuando quiero y respondo los mensajes de amigos, cercanos y lejanos, familiares y antifamilares; conocidos y desconocidos, ya que esta app también se ha vuelto una opción de nuevos contactos. El cambio está en que ahora yo decido.

Mucho OJO amigos que ahora con la nueva funcionalidad del visto azul, entraremos en la era de la obligatoriedad de responder Whastapp en 3 segundos o menos y si no generámos caos. Pero a esto aparecen salvadores: http://www.elpais.com.co/elpais/entretenimiento/noticias/conozca-como-hacerle-quite-chulos-azules-whatsapp

¿Caeré en la tentación de volver a la ansiedad que me producía no responder de inmediato a cualquier solicitud? el tiempo lo dirá, pero por ahora No tengo Whatsapp en el celular y así no seré interrumpido en la reunión, ni en el transmi, ni en el cine, ni en el yoga, ni en la anodina conversación que sostengo con el taxista de turno, 😉 …les seguiré contando de la nueva experiencia.

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