La San Petersburgo del Dalí


Ver la obra de Dalí se convierte en un hito para los amantes del arte. La llegada a San Petersburgo por el puente que se eleva al cielo ya es visualmente un goce. Luego está la arquitectura sinuosa y aracnida del edificio. En medio de todo esto el café Gala es remanso para quedarse y pasar la tarde. Esto solo lo hicieron posible unos mecenas coleccionistas como los Morse, admiradores de Dalí desde los años 40 que se convirtieron en amigos y luego dejaron como herencia casi una centena de oleos y otros trabajos del artista, entre dibujos, bocetos y  fotografías del artista, aquí en este escenario surreal.

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