Facebook, Youtube, Twitter… hacen más productiva la oficina


DSC02006Después de la lectura de un artículo de Mail Olnline sobre el uso que se hace de las herramientas web 2.0 como twitter, facebook, youtube o flickr mientras se trabaja y del aumento de la productividad de dichos individuos (http://digg.com/d1nl0I), creo que puedo estar de acuerdo pero también que hay gente que se excede.

En primera instancia, pienso que es un hecho generacional. No me imagino a mi mamá viendo el último video charro de Youtube o el de su sobrino en Canadá, mientras liquida la nómina de sus empleados.

Creo que se debe ser aficionado al uso y tener conocimiento y disciplina, pues de lo contrario se te puede ir la mañana y hasta el día, viendo tutoriales, nuevas aplicaciones, leyendo las FAQ o los comentarios del resto. Pues esta es otra característica de la web es que te puede enredar indefinidamente… solo el dolor de la digitación en la muñeca, los ojos llorosos o el hambre que apremia, dan pausa a algunos de los más acérrimos aficionados. Los conozco pero no son mis amigos.

Y en cuanto a la disciplina en la oficina, soy partidario de que cada cual se imponga unas tareas diarias. Y en ellas deben de estar la lectura de correos, para no llenarnos de no leidos… la entrada a Facebook para ver si algo interesante ha ocurrido, a Twitter para mantenerse en contacto con los seguidos y los que sigues, a Youtube por información o entretenimiento… en fin, pero solo con unos horarios establecidos se logra chuliar esta tarea que puede durar media hora a lo sumo y pasar a las que competen en la labor cotidiana.

Por otro lado, creo que para este mismo orden existen otras herramientas de la web 2.o como delicious o digg, que nos ayuda a organizar la información que nos llega en RSS o de alguna otra forma, para taggearla y mantenerla clasificada según nuestros gustos y necesidades. De este modo, también se ahorra tiempo laboral y personal y hasta queda más para saludar a los amigos con una frase en cualquiera de las redes sociales…

Cuando señalo que hay gente que se excede no me refiero solo a los que se pasan de una hora en las herramientas en cuestión, sino a aquellos que las dejan abiertas todo el día para ver quien les saluda. Lo que no solo me parece desorden porque estimula la dispersión sino también patético, pues se trata de una especie de mendigos digitales… de aquellos que no tienen amigos de carne y hueso y esperan saludos, besos y abrazos virtuales en cualquier momento (lo que es más triste, pero se refiere a un campo que no manejo).

Doy mi voto entonces por los jefes que confían en que sus empleados saben manejar su tiempo y ser productivos. Como debe ser.

Doy mi voto a los empleados que saben organizarse en sus trabajos para hacer las tareas profesionales y las personales en el mismo tiempo. Sin pedir extras ni generar conflicto.

Y mi consejo a aquellos que aún no han aprendido de los peligros de la web.

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Navegando en Twitter en busca del mar rojo


para furtivas columnLlegué a Twitter en la búsqueda de herramientas para crear mayor participación en las comunidades virtuales de la emperesa en la que trabajo. Recordé entonces que ya me había suscrito pero perdí la clave.

Recuerdo que me aburrí al ver que la gente montaba mensajes de sus sentimientos y pensé que para que estaba en este sitio si eso era lo que más me aburría de Facebook.

En este último tengo una amiga cuarentona que no le hacen falta atributos físicos pero que estoy por creer que perdió el tornillo aquel… y por eso cada tanto, digamos que cada 2 horas para no exagerar, ella pone lo que va a comer, lo que vio por la ventana, lo que siente por su amado, lo que compró en le supermercado, lo que… lo que… lo que…

Sin embargo, empecé a jugar en Twitter con mis gustos y preferencias actuales… diseño, investigación, celulares, redes, comunidades y me encontré  seres cotidianos y a otros no tanto que compartían sus pensamientos, sus lecturas, recomendaban sitios, daban ideas sobre proyectos o críticas sobre algunos trabajos.

Desde ese momento, no me he podido soltar de Twitter pues me alegra tener a esos extraños con sus tweets que me dan temas y hacen que la red deje de ser tan inalcanzable… inconmensurable… para volverse cercana a partir de unos intereses.

Es ahí donde deben dirigirse nuestros esfuerzos: vamos navegando en la inmensidad de la red en la búsqueda de mares rojos.

Varios stories de reciclaje de celulares


Para este montón de celulares en estado de desecho, bien porque quedaron atrás por diseño, por la mala apariencia que da el uso, por los pasos de gigante de la tecnología, porque se contagiaron del virus de la antimoda, es que propongo nuevos usos en espacios específicos y a partir de nuevas soluciones que van más allá de hacer y recibir llamadas.

Nada que ver con las aplicaciones de los 3G, sino otro tipo de funciones en las que no se necesiten la que se denomina hoy “inteligencia” de los celulares pero si sus “cuerpecitos”. Hasta aquí estaba todo bien. Había un problema y era grande.

Lo que imagino de la mano de la intuición que aconseja Jane Fulton  como una acción que hay que nutrir para la investigación en diseño son los siguientes escenarios:
•    Mercedes llega al hipermercado y quiere encontrar de la forma más rápida para comprar solo 5 productos, pero desconoce la ruta que debe realizar en medio de un área inmensa y llena de consumidores. A la entrada, a mitad de camino del manubrio de los carritos de hacer compras – en el espacio de la calculadora que algunos llevaban hasta el 2008- encuentra un celular que es un objeto muy familiar para ella. Desde el se le da la bienvenida y se le pide que ingrese los productos que desea comprar. De manera inmediata dicha interfaz le da opciones de rutas para hacer su recorrido y ella puede dedicarse a escuchar la música y los avisos del altavoz de manera tranquila.  Gracias al uso de celulares que fueron reciclados ella puede encontrar la aplicación de georreferenciación reducida a un espacio mínimo: a una partícula de ciudad.
•    Igor es un ejecutivo exitoso de bienes raíces para estratos altos, siempre de corbata a la última moda y siempre con uno que otro gadget como extensiones de su cuerpo. Hoy se prepara para ir a la Feria de Bienes Raíces más concurrida de Construlandia, una ciudad real situada en un país extranjero latino y reconocida por estar en pleno apogeo del sector inmobiliario. Cuando llega al recinto ferial, Igor no solo queda sorprendido por las instalaciones sino que (SE)entusiasma más cuando le dice que va a hacer parte de un proyecto de un laboratorio tecnológico que pone a prueba en esta ocasión el concepto de red social especializada a través de telefonía móvil, por lo que gustoso deja que su celular haga parte del experimento. Después de entregar su número a la persona de información, en una interfaz con sus datos se genera un mapa por pabellón en el que se muestra donde pueden estar sus clientes potenciales simulados por un punto amarillo, donde sus proveedores a los que corresponde un cuadro rojo y para otros como medios y relacionistas públicos, con quienes también quiere tener contacto, se reserva un triangulo verde.
•    Eugenia es una de esas estudiantes perpetuas que acabó su carrera de Antropología y una fila de diplomados le persiguieron uno tras otro. Pero hoy, después de mucha información, se alista para conformar un proyecto de investigación. Lo que más le alegra es encontrarse con algunas caras que no veía desde cursos pasados, pero al entrar en materia le entristece saber que el proyecto se llevará a cabo de una manera original: sin cita previa, sin horarios, sin salón de clases, sin tener que sentarse a escribir en un momento determinado, pues se trata de un trabajo colaborativo que ella cubre desde su celular llamando a un número y depositando en el su voz con sugerencias, pensamientos, aportes o cualquier cosa que se le ocurra que pueda enriquecer la investigación.
•    Dallo vive en una ciudad que pasó por los imbates de la violencia y que hoy se refugia en el refuerzo de la cultura cívica y el arte para promover un cambio de actitud en sus habitantes. Hoy es sábado y el joven baja la colina que le conduce al centro de la ciudad en un teleférico y al ingresar al  metro, su sencillo celular le avisa que hace parte del sistema de transporte masivo y le da la bienvenida. Mientras espera, Dallo lee una noticia que le interesa y cuando el tren se avecina recibe un mensaje en su celular sobre la manera en que debe comportarse para recibir un mejor servicio.

Salto al ruedo


Atreviéndome a usar algunos conceptos que se han presentado a través de la historia del diseño, y de las ciencias sociales, como el que se refiere a una mirada holística del problema para encontrar una solución que, se presume, nada tiene que ver con esquemas rígidos. Y de la mano de la teoría de sistemas que también hace su aporte a este tipo de ejercicio pongo el problema frente a otros hechos de la cultura digital contemporánea y de este modo me encuentro con otra tendencia que parece de moda, pero que tiene unas raíces históricas fuertes:
Se trata de las Redes Sociales en Internet con un origen incierto alrededor del año 2000. Intento buscar entre ellas otro tipo de aplicaciones que sirvan para usarse sobre la telefonía celular. La idea es que la aceptación innegable de Facebook y sus más de 100 hermanas me den la clave sobre lo que la gente prefiere a la hora de tener contacto virtual con otra gente. ¿Prefieren exhibirse, mandarse mensajes, apostar en un juego común, regalos imaginarios, compartir conocimiento, reunir personas frente a una causa, hacer negocios, conocer gente… qué cosas crean esos lazos? ¿Qué hace que se sientan seguros, confortables, satisfechos? ¿Qué los lleva a mantenerse conectados y cambiar su mensaje personal con frecuencia? ¿Qué? Bernoff en su libro Groundswell da un poco de orientación sobre los tipos de públicos de la web 2.0: creadores, críticos, coleccionistas, exhibicionistas, espectadores, inactivos…  pero se queda corto con las motivaciones.
Del mismo modo me topé con un libro titulado Models and Methods in Social Networks Analysis . Para enterarme de que necesitaba conceptos básicos como el del Análisis de las Redes Sociales, elemento clave en este caso en múltiples disciplinas: desde la sociología, pasando por la antropología, la biología, la comunicación, la economía y otras más.
Los investigadores ha utilizado la metáfora de la red social de más de un siglo a connotar complejos conjuntos de relaciones entre los miembros de los sistemas sociales en todas las escalas, desde interpersonal hasta el internacional. Respecto a algunos protagonistas que usan el término se señala  a J.A. Barnes  (1954) empezó a utilizar sistemáticamente el término para referirse a los patrones de relaciones que abarcan los conceptos tradicionalmente utilizados por el público y los científicos sociales.

El buen ejemplo es para repetir


<!–[if !mso]> <! st1\:*{behavior:url(#ieooui) } –> Recordé entonces que el año pasado en Campus Party conocí a Teemu Leinonen[1], un finlandés que hizo un listado de los sitios que se pueden usar como herramientas para lograr experiencias educativas con Internet como plataforma, en la mayoría de las ocasiones, pero con los diversos aparatos tecnológicos como celulares, pdas, iphones, ipods y otas novedades.

Destacó que las cualidades de los celulares de hoy son cada vez más y más diversas: “no solo nos sirve la voz y el texto sino que cada día hay más aplicaciones que son oportunidades para la comunicación y la educación” destacó.

Señaló en especial que son muchos los dispositivos de este tipo que trabajan con lenguaje Java y esta es una posibilidad muy grande, “pues inclusive en los aparatos más viejitos y sin conexión a Internet se pueden compartir contenidos educativos”.

Leinonen no tenía en cuenta en entonces la aparición de Android, el nuevo software potenciado por Google, que pertenece al grupo del movimiento opensource y que tiene como filosofía “la manipulación de las aplicaciones por parte del usuario final según sus necesidades”. Lo que acerca aún más la tecnología móvil a lo que intuyo como aplicación resultado de la investigación que propongo.

Un tiempo después, me encontré con la presencia de MobiLED[2] el año pasado en Bogotá, se trata de un proyecto en el que se usa la tecnología móvil GSM, el multimedia, las redes inalámbricas, interfaces de voz, podcast de audio, el concepto de wikipedia y el de blogs para lograr generar un ambiente colaborativo de aprendizaje a través de móviles.

En poblaciones africanas, escogidas por tener un acceso marginal a la tecnología en general, a través de unos partners como Meraka Institute[3] y el Council for Scientific and Industrial Research (CSIR)[4], de Sudáfrica y el Media Lab de la University of Art and Design Helsinki (UIAH)[5], Finlandia, se construyó por ejemplo una red en la que se usan teléfonos celulares de tecnología regular para resolver una necesidad específica: anuncios clasificados de voz para ofrecer, comprar o vender productos y servicios, sin necesidad de la red de datos.


[1] Teemu Leinonen trabaja en el campo de la investigación y desarrollo del aprendizaje en Internet. Estudio Ciencias de la Educación en la Universidad de Tampere y Diseño de Nuevos Mediasen la Universidad de Arte y Diseño de Helsinki.

[2] http://mobiled.uiah.fi/ La iniciativa de MobilED diseña ambientes de aprendizaje con tecnologías y servicios móviles.

[3] El Instituto Meraka es iniciativa estratégica nacional del estado de presidente Mbeki desde 2002. Su objetivo principal es facilitar el desarrollo económico y social nacional con el desarrollo de capital humano en investigación e innovación, con productos y servicios basados en tecnología de información y de comunicación.

[4] El CSIR es una de las organizaciones científicas y de la tecnología principales de la investigación, del desarrollo y de la puesta en práctica en África.

[5] La universidad del arte y del diseño Helsinki es una universidad internacional dedicada al diseño, a la comunicación audio-visual, a la educación del arte y al arte.

¿Acaso tengo que ver con sostenibilidad?


Los celulares se multiplican y cada cual espera que los precios bajen para tener el mejor modelo. Las promociones “pico y placa” de las compañías que prestan este servicio superaron en adeptos a las del tráfico vehicular en las ciudades en contra de la contaminación.
Los medios lo repiten: “Seis de cada 10 habitantes del mundo usa celular” es un título del periódico El Tiempo, Bogotá, en un corto informe de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones que deja a los lectores con pocos datos sobre el tema, pero con la sensación de que el número de estos aparatos va en aumento. El hecho me recuerda que había previsto esa tendencia el día durante mi primera estadía en España en el año 2000, al darme cuenta que era más común, e incluso más barato, que la gente de Madrid tuviera un móvil a un fijo. Considerado un gasto oneroso y poco práctico según me dijo quien me hospedó por unos días en esa ciudad.
En otra noticia de un medio no tan conocido se relata que “De acuerdo con recientes cifras de la Comisión Nacional de Regulación de Telecomunicaciones (CRT), en Colombia hay más de 32 millones de celulares, para una población de 46 millones de habitantes” nos señala Nelson Rúa Ceballos, en el sitio Latekhne.itm.edu.co en un artículo en el que muestra su preocupación por el crecimiento de estos aparatos que de manera rápida se convierten en contaminantes del medio ambiente por su rotación: “tendremos que en un año se mueven en la economía algo así como 5.600 millones de aparatos… en términos ambientales se genera un problema también astronómico por el asunto de la basura electrónica: carcazas plásticas, tarjetas electrónicas, baterías recargables…” para hablar solo de algunos de sus componentes.
Nunca he sido fanático de los celulares. Sin paracaídas caí en un puesto en el que me asignaron un aparato de última tecnología con acceso a datos, videollamada, cámara, reconocimiento de pistas musicales, transmisión de datos, uso como módem y otras aplicaciones que me ponían más allá de recibir y hacer llamadas.
La llegada a la Maestría se convirtió en un punto más para aumentar mi fascinación por los gadgets tecnológicos, sus conceptos y sus vericuetos. Sin embargo, después de pasar al papel un primer acercamiento al problema me encontré con una observación que me pedía la inclusión del concepto de sostenibilidad. Intuí que se trataba de algo cercano al concepto de ecología que manejé por allá al final de la secundaria en 1986.
Luego al entrar al seminario de investigación de febrero de este año me encontré casi contra la pared con el concepto y con la explicación del profesor que me hablaba más allá de la mirada ambientalista, también del consumo y de la responsabilidad del diseño en este campo con frases como: “no es solo cuestión de diseñar un nuevo modelo de taladro de Black & Decker sino en reflexionar un poco más sobre la energía que se necesita para hacer un hueco en la pared y lo que realmente requieren los usuarios finales” o “se han fijado en la marquilla de sus zapatos para darse cuenta, en donde se hicieron y han reflexionado cómo vive esa gente que los hace y cuàl es nuestra responsabilidad como consumidores de los mismos”.

Con esta inquietud puesta en mi mente, empiezo a pensar entonces en cómo hacer de los celulares en desuso, considerados basura, interfaces nuevas que sirvan en ciertas situaciones o a grupos específicos, no necesariamennte marginados… porque pienso en los que les hace falta el aparato ya que no tienen como adquirirlo… pero de otro lado, también pienso en los que el consumismo margina y tienen necesidades pero no el aparato que las satisfaga.

Los ciberengaños se aceptan de buena gana


Lo más raro es que se encuentran dos extraños y deciden quererse. Yo abuso de ser paranoico y entonces cuando empiezo una relación me inclino por creer que el otro solo me está mintiendo para ser encantador, pero que todavía no se muestra tal cual es. Es el primer engaño pero todos lo aceptamos de buena gana.

Para algunos debe ser hasta ofensivo lo que estoy diciendo. Aquellos que creen que el inicio del amor es tierno y sin tapujos, pero yo soy de los que creen lo contrario… las relaciones son buenas cuando muchas cosas están dichas y no hay que guardarle nada el otro, sino que se le dicen las cosas de frente, con sinceridad, incluso acepto que sea en medio de una charla, pero la verdad a secas es más fácil tragarla… así te ahogues.

Pero todo tiene sus mediastintas y por eso esta noche en el bus para casa, en medio de la lluvia, me sorprendió ver a un vecino de mi oficina con su noviecita, la que me confesó el otro día que conoció a través de una red social virtual. Lo miré a el primero y concluí que no estaba mal de cuerpo, solo le faltaba un poco allí y allá para estar bueno y eso ya es mucho decir. Bonito no es, pero se viste bien y eso en un hombre es muy bien valorado. Ademàs se mostró caballeroso al darle el puesto a dos señoras en ocasiones distintas (Ya era demasiado, ¿no cierto?).

A ella no pude verla hasta que se apearon del bus (verbo que no me gusta mucho pero es el correcto en este caso) Entonces pude verla de soslayo: bonita, caresana, de estatura baja, caderona -como muchas de este lado de la tierra-, en fin… algo que este man tan común no se hubiera encontrado en la oficina pero sí a través de Internet.

Los dos parecían cómodos. Se veía que estaban bien juntos. Que había ternura y comprensión sus miradas. Inclusive hoy era martes y ya estaban en una cita, en medio de una lloviznan fuerte, pero cuando uno está al inicio de una relación esas goteras son mejores, que no lo vaya negar quien se las haya perdido…

En fin, el hecho me trae a la cabeza muchos recuerdos como el de la amiga que acompañé tres veces a encontrarse con desconocidos que conocía a través de la misma red. El de los dos amigos gays, aún en el closet cuando pasó esto -muy famosos los dos por cierto- que se encontraron en la estación Aguacatala y no podían con la confusión de sentimientos que aquello les sugirió en el cerebro. (Nunca nadie supo que pasó, así el morbo se empeñe).

Yo confieso que así conocí a alguien, pero en una especie de error fortuito, pues ocurre que nunca le he temido a dejar los datos por ahí en el limbo cibernético y mucho menos a compartirlos con un amigo de carne y hueso.

Pues resulta que una vez ese amigo de ser tan cercano y cometió una fechoría que seguramente le pareció muy graciosa: me puso en contacto con un tipo recién metido a una religión de las tantas que hoy hay… y pues este último se sintió en la misión de entregarme enseñanzas pero como un buen estratega, hasta que un buen día le dije no más: me cansé de tus mensajes de crecimiento personal, no quiero hablar con un desconocido de mi religión, yo mismo me voy a salvar a través del deporte (el deporte salva, pero ese es otro tema)… de todos modos esta historia termina bien, pues hoy seguimos siendo amigos a pesar de todo y el ya no anda buscando ni a un dios, ni al demonio y mucho menos salvar humanos… anda mirando por ventanas reales en la búsqueda de quien le engañe por lo menos por un rato.